buscando el sol...
La lluvia ha vuelto a nuestras calles y a nuestros corazones.
Los hijos de la niebla olfatean el aire y sonríen satisfechos,
mientras preparan los botes de pintura negra.
Los niños que juegan en el césped al lado de la estación, me han
dicho que no siempre ha sido así; que hubo una época, quizás hace
mil años, en que había sol, un sol brillante que lo cubría todo con
su eterna promesa de un mundo mejor. Una época en la que ellos no se
veían obligados a jugar con pesados abrigos, ni a frotarse las manos
entumecidas.
También me han dicho que a veces ven llegar viajeros de acentos
extraños, que hablan de mundos lejanos en los que aún existe la luz,
llenos de gente feliz, donde los hijos de la niebla ya no visten sus
eternos trajes grises, y los han cambiado por horribles bermudas de
colores mientras beben sus daiquiris en enormes copas.
Cuando se han fijado en mis maletas me han preguntado si yo también
me marchaba en busca de mi trozo de sol. Les he dicho que no, que me
marchaba, si, pero a otro lugar.
He estado media vida buscando mi tierra prometida, la luz al final
del túnel. Hurgando en mis bolsillos de soldado raso, buscando la
palabra mágica que convierta las pesadillas en sueños, y al final
lo he comprendido. Sólo hay un lugar donde podamos encontrar todo
eso: en nuestro interior. Enterrado en lo más hondo de nuestro
corazón, en un foso hecho de promesas rotas, lágrimas y olvido.
Un lugar frío y siniestro, donde guardamos todo aquello que
quisimos olvidar, pero no tuvimos el valor de asesinar.
Hace falta mucho valor para atreverse a ir a buscar nada hasta allí.
Mucho más del que me dieron al nacer. Por eso siempre viajo a otros
lugares, más lejanos, más extraños…
mortiel